
Es, básicamente, el “nudo” de una historia dividida de forma innecesaria en tres. Imaginaros que os explican la introducción de un cuento; un año después el nudo; y, otro año más tarde, el desenlace. ¿Que tenemos? Pues una historia contada de la peor forma jamás inventada.
Es
que no da la sensación de que este viendo una película, ya que empieza en la
nada y acaba en la nada, y, aun así te hacen pagar el precio de una entrada
completa, cuando al final la sensación es aquella de que se te para de golpe
una película porque el CD esta rayado o algo por el estilo.
Ya
desahogado, os hablo de la “peli” en sí.
La
historia avanza más, ya que es el “nudo” y que cojones, por pura comparativa
esta tenía que ser más movidita que su estática antecesora. Y eso, que hay
acción a raudales, hasta el punto de que da la sensación de que alguna escena
de acción dura como media hora, cosa que también es pasarse (por lo que vemos
el amigo Jackson es un tipo de excesos, tanto en lo bueno como en lo malo).
Y
esto, que haya tanta acción, hace que a veces se desluzca la fotografía, ya que
el CGI (efectos especiales) cantan una barbaridad; hay momentos en que parece
un juego de la Play Station 3. Aunque es, en cierta manera, comprensible, ya
que tantísimo metraje, para que se viera a la perfección con tanto ordenador,
seguramente necesitaría miles de millones de millones de millones de dólares y
lo mismo en paciencia por parte del equipo de efectos visuales, y dudo que
juntar esas dos cosas sea posible. Si es que la artesanía de la trilogía del
anillo no tiene precio.
La
peli hace reír en varios momentos, pero es que joder, son enanos cascarrabias y
un hobbit que parece una señora mayor, pa’ descojonarse.
A
nivel interpretativo no comento nada, ya que, igual que en la primera parte y
por exigencias del guión, todos están muy sobreactuados, cosa que combina bien
con el sobre metraje, la sobre saturación de efectos visuales, la sobre
avaricia de unos cuantos estudios y de un sobre pesado director.
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